El lunes, como todos lunes, me acerqué al Parque de los Patos. Allí disfruto mucho con mis familiares y compartimos tranquilos nuestras aventuras y pesares.
Desde principios de año, nuestro hogar, el estanque, ha cambiado mucho. Problemas con la circulación y depuración del agua, el riesgo de peste aviar, las algas, el vaciado total, las obras, el «mosquito tigre», una pena… Poco a poco, abandonaremos el lugar. Vivir al lado de un castillo, donde murió el rey Fernando VI, es para nosotros, los patos, un privilegio único. No comprendo cómo se pudo colocar un avión de guerra al lado de un monumento construido hace 500 años.
Ahora, en frente del Castillo, se inaugura un Splashpad. Le he preguntado el significado de este «palabro» a un pariente que viene a pasar el verano en nuestro estanque desde un país lejano. Me ha dicho: «zona de chorros o de juegos acuáticos». Seguro que algún munícipe observando cómo disfrutamos los patos con el agua decidió preparar un tinglado para niños y jóvenes.
Según comentaban el lunes, la instalación ha costado 348.428,04 €. No es poco para su limitado uso en verano. Quizás, la «piscina municipal» sería un lugar mejor, y los patos seguiríamos ofreciendo nuestras habilidades para disfrute de todos y colaborando en la vigilancia del «mosquito tigre», si superamos los problemas que tenemos en nuestro estanque.

