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Así ven a Manuel Sánchez-Algora en Bélgica

Por Roger Pierre Turine

Sánchez-Algora, entre el sueño y la realidad

Las cerámicas y los dibujos de Manuel Sánchez-Algora evocan un mundo fuera de ritmo.

Es tónico, reconfortante, colorido y de una factura bellísima. Una invitación, la quinta con este artista español, fomentada por un Jacques Cerami que entiende de trompe-l’œil (trampantojos) de calidad superior.

La gran sala de la galería de Couillet (Bélgica) resplandece entre bromas y gimnasia de circunstancia. Y es que, en efecto, Manuel Sánchez-Algora ya no es un desconocido por estos lares, pero esta vez ha puesto toda la carne en el asador para invitarnos a abrir el ojo y, además, el bueno: aquel que detecta lo que hay más allá de toda representación.

Poeta de hechos y gestos, el artista madrileño —nacido en Madrid en 1959— se sirve alternativamente del papel, del lápiz y de los colores para ilustrar los muros de escenas donde leer entre líneas para entender de qué pie cojean. Pero también de la tierra, del fuego y de los pigmentos, para que sus cerámicas nos convenzan de que hay urgencia en convertirse a su religión sin reservas.

Abarcando el conjunto de un solo vistazo, un personaje se distingue de los demás: ¡un hombre que corre! Si Giacometti hizo antaño maravillas con su Hombre que camina, este último, perfilándose como una carcasa escuálida en un universo para meditar, lleva a Sánchez-Algora a romper el espacio a zancadas. Con todas las vergüenzas y reflexiones desterradas, son el ingrediente deseado para azuzar nuestro espíritu sin los titubeos que debilitan las determinaciones.

Artista consciente de las imágenes que transporta a merced de sus sueños, tanto despierto como dormido, Sánchez-Algora tiene de quién heredarlo. Su padre y su tío, los hermanos gemelos, colmaron antes que él su sed de creatividad fundando en Madrid, a mediados del siglo XX, una empresa de reconocido prestigio: Cerámicas Algora, una fábrica de porcelana decorativa popular. El joven Manuel dio forma a sus primeros bocetos antes de perfeccionar su don sin supervisión en la Escuela de Artes y Oficios, luego en la Escuela de Cerámica de la Moncloa y en la Facultad de Bellas Artes.

Villaviciosa de Odón

Pyrrhos y Design

Convertido más tarde él mismo en profesor en La Moncloa, Manuel Sánchez-Algora profesó su saber durante más de treinta años antes de dar rienda suelta, de una vez por todas, a su loca inventiva. La prueba es esta demostración que, desde Cerami, nos intima a reconocer en él a un creador digno de grandes predecesores, como Lucio Fontana, quien puso sus audacias de pintor al servicio de cerámicas —eso sí— barrocas.

Hay incluso una asombrosa, deslumbrante y saludable instalación de miniaturas: sillas negras (¡y una roja!) desprovistas de toda presencia humana. ¿Una visión en segundo grado de un mundo en decadencia, donde el primer plano está ocupado por dos aligátores de dientes afilados? ¿Estas bestiezuelas repugnantes, con rostros troquelados: unos Trump y Putin convertidos en símbolos de un planeta condenado?

Más directo en sus exploraciones esculturales, Sánchez-Algora juega su registro en lo no dicho, lo alusivo y un humor con ritmo y elegancia. Si bien no se resiste a mostrar lo que debe, tal vez, a un Baselitz, a un Paladino o a un Goya, resulta ser sobre todo él mismo en un mundo que nos trastorna y ya apenas responde a lo que creíamos poder esperar de él.

Sus personajes que corren, con las piernas tensas como en las pinturas de Antonio Seguí, que juegan al rescate o se articulan en cuclillas o haciendo el pino, son tan cercanos a aquellos más rígidos como no menos eficaces de sus Pyrrhos. Estos últimos, producidos a mayor escala, hacen alusión a algunos fenómenos del arte internacional. Provistos de sus objetos fetiche, resultan sorprendentes cuando, de Duchamp a Picasso, se dedican a reconocer en ellos a los testigos de un arte con virtudes indudables.

Villaviciosa de Odón
Villaviciosa de Odón

Los personajes, enigmáticos y decisivos que Sánchez-Algora nos propone esta vez, son piezas únicas compuestas por varias partes soldadas entre sí durante la cocción. Personajes lúdicos y reveladores a más no poder, estas posturas poseen una identidad a la vez feroz y cómica. Sus grandes dibujos, magníficos y del mismo modo cargados de enigma, son, a su vez, de una calidad superior. Por último, sus jarrones coloridos y sutilmente dibujados encierran una vida interior y mágica.

Arte contemporáneo en la Galerie Jacques Cerami, 340 Route de Philippeville, 6010 Couillet-Charleroi. www.galeriecerami.be y 0477.784.434. Bélgica.

Hasta el 24 de octubre, de miércoles a viernes de 14:30 a 19:00, sábados de 11:00 a 18:00 horas.

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