La Plataforma Vecinal Calatalifa reclama al Ayuntamiento transparencia, revisión sobre el terreno y respuestas antes de que la obra sea irreversible
Por Sonia García Aragoneses, representante de la Plataforma Vecinal Calatalifa
La remodelación de la Avenida Calatalifa ha dejado de ser solo una obra de mejora urbana. Para muchos vecinos se ha convertido en un ejemplo de cómo una actuación pública puede transformar un barrio sin que quienes lo usan a diario hayan recibido información suficiente ni hayan sido escuchados a tiempo.
La Plataforma Vecinal Calatalifa reclama que una actuación que va a condicionar la vida del barrio durante años sea segura, accesible y coherente con el uso real de la avenida.
El proyecto municipal se presentó como una mejora de la pavimentación, la ordenación del tráfico y el espacio peatonal. Sin embargo, cuando las obras comenzaron a ejecutarse sobre el terreno, varios vecinos comprobaron que la realidad generaba dudas importantes. La acera que más se amplía es la del lado este, junto a la parte trasera de viviendas sin salida directa a la avenida. En cambio, la acera oeste, donde se concentran accesos de vecinos, calles transversales, paradas y tránsito diario, queda reducida respecto a la situación anterior.
Desde abril, la Plataforma ha presentado escritos, ha mantenido reuniones, ha intervenido en la Comisión Informativa de Urbanismo y ha trasladado sus preocupaciones al Pleno municipal. También ha revisado la documentación disponible y ha fundamentado sus peticiones con normativa técnica, mediciones, fotografías y solicitudes formales de comprobación sobre el terreno.
Entre los puntos que más preocupan está la ubicación de alcorques y elementos urbanos en zonas donde el paso libre peatonal puede quedar comprometido. La normativa de accesibilidad establece que el itinerario peatonal accesible debe disponer de una anchura libre mínima de 1,80 metros y una altura libre de 2,20 metros. En varios puntos de la avenida, especialmente entre Tulipán y Jazmín, las mediciones vecinales muestran distancias inferiores desde la fachada hasta el borde físico del alcorque.
No se trata solo de si caben dos personas caminando. Hablamos de personas mayores, sillas de ruedas, carritos de bebé, personas con movilidad reducida, niños que caminan al instituto, familias que cruzan hacia el parque o vecinos que salen de sus viviendas. La accesibilidad no es un detalle técnico: es la diferencia entre poder usar una calle con normalidad o encontrarse con obstáculos diarios.
Otro de los puntos más delicados es la transformación de la mediana central. Antes, la Avenida Calatalifa contaba con una mediana amplia, de aproximadamente seis metros, que separaba los dos sentidos de circulación y funcionaba como espacio de espera y protección en los cruces peatonales. El nuevo diseño la reduce de forma muy significativa y la convierte en un separador mucho más estrecho, en torno a metro y medio.
La pregunta es evidente: ¿puede ese espacio funcionar como refugio peatonal seguro en una avenida con doble sentido de circulación, tránsito de autobuses, vehículos pesados, tráfico de entrada y salida del municipio y paso frecuente de vecinos y jóvenes hacia el IES Calatalifa?
Para la Plataforma Vecinal Calatalifa, la respuesta es no. Por sus dimensiones, no reúne las condiciones necesarias para funcionar como una verdadera zona de refugio peatonal. Además, supone una merma evidente respecto a la mediana anterior, que sí permitía al peatón detenerse con mayor seguridad durante el cruce. Hasta la fecha, no se ha explicado de forma clara cómo se va a garantizar ahora la seguridad de los peatones en esos pasos.
La Plataforma ha solicitado algo sencillo: diálogo, revisión in situ y documentación técnica que justifique que todo está correcto en la ejecución.
Hasta ahora, ese diálogo no se ha producido en los términos necesarios. Se han mantenido reuniones, pero sin compromisos concretos. Se ha pedido una visita conjunta sobre el terreno para revisar los puntos conflictivos, pero no se ha realizado. También se ha solicitado por escrito la documentación técnica que, según se trasladó verbalmente, acreditaría que no existen incumplimientos. La Plataforma sigue esperando una respuesta completa.
El problema es el tiempo. Mientras llegan las respuestas, las obras continúan. Y si la documentación llega cuando la obra esté prácticamente terminada, llegará tarde.
La Plataforma recuerda que no corresponde a los vecinos sustituir a los técnicos municipales ni redactar proyectos alternativos. La responsabilidad de comprobar, justificar, explicar y garantizar que una actuación cumple la normativa y responde al interés general corresponde al Ayuntamiento. Lo que sí corresponde a los vecinos es alertar cuando detectan problemas, pedir información cuando no se les facilita y defender el espacio público cuando consideran que una decisión puede afectar a la seguridad, la accesibilidad o la vida cotidiana del barrio.
Este debate no afecta solo a quienes viven en la Avenida Calatalifa. Afecta a todos los vecinos de Villaviciosa de Odón.
Muy pronto, la zona de Cueva de la Mora también afrontará una remodelación importante. Es una zona con alta densidad de población, comercios, tránsito peatonal, vehículos, accesos y vida diaria intensa. La experiencia de Calatalifa deja una conclusión clara: hay que informarse antes, preguntar antes y solicitar planos, memoria, mediciones y explicaciones antes de que las máquinas entren y las decisiones sean mucho más difíciles de corregir.
Las obras públicas no deberían limitarse a cumplir un expediente administrativo. Deben responder a la vida real de quienes usan las calles. Y para eso no basta con publicar un proyecto o dar por comunicada una actuación: hay que explicar, escuchar, contrastar y, si es necesario, corregir.
La participación vecinal no es un obstáculo. Es una oportunidad para mejorar los proyectos.
La Plataforma Vecinal Calatalifa seguirá defendiendo una idea sencilla: las obras públicas no solo deben quedar bien sobre el papel. Deben funcionar en la vida real.


