Por Miguel Moret
«Torrente, presidente» – Santiago Segura – Marzo 2026
Vi la primera entrega de la saga y de la segunda, me salí. Han pasado los años y he vuelto. He de decir que me pareció malísima: con un chiste forzado tras otro, un cutrerío ficticio, un humor no sólo chabacano sino inexistente, llevando al personaje a situaciones que imitan la realidad y a las que se le ven todas las trampas y pespuntes. Falsamente trasgresora, consigue el efecto contrario, pues es una cinta sin un ápice de pensamiento, reduciendo la historia a la categoría de un mal plato de mejillones.
Ni Santiago Segura ha podido dirigirse a sí mismo ni a los demás que parecen todos ninots de falla.
Quizá el actor de Hollywood vestido de blanco y, sobre todo, el maravilloso Gabino Diego, logran salir vivos de un guión reaccionario, escorado hacia la vulgaridad sin tamiz, manchando a toda la sociedad con una bechamel grumosa y fría.
En la proyección a la que yo asistí no se rio nadie. Todos, creo, asistíamos atónitos a este panfleto que no tiene ni pies ni cabeza, ni vergüenza ni otra equivocada ideología que la de que el pueblo es gilipollas y los políticos saqueadores y asesinos. Todo eso lo dice con una finura, además, que hace que las canciones de Camela parezcan rimas de Becquer a su lado.
Un verdadero atentado contra la inteligencia. Contra el buen gusto también, pero eso ya se sabía.
Un horror.

